El vuelo
Como una tarde más, ella, sentada miraba el ocaso; entre rojos y amarillos, se perdía su mirada, creía que su espíritu volaba llegando hasta aquel rincón donde el sol preparaba sus aposentos hasta el próximo amanecer. Esta tarde en particular no podía volar. Miraba su propio ocaso, sin saber como hacer para llegar pronto a su nuevo amanecer. De Norte a Sur de Este a Oeste buscaba la luz que iba a guiarla en su camino. Y como en un tornado de pensamientos quedo atrapada, inmóvil, ciega, sorda. Todo se mostraba ante ella y no podía percibir nada; estuvo así un momento, tan relativo como el tiempo mismo. Hasta que comprendió que nunca estuvo perdida, que siempre pudo ver, oír y moverse. Fueron sus miedos, frustraciones, dolores, angustias las que la tenían prisionera. Solo tuvo que sacudirse la pesada carga. Esa tarde ella volvió a volar, sentir el aire en su rostro, sus plumas moverse y llegar al rincón donde duerme su eterno sol, solo era una gaviota extraviada.
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