pasaje
Las almas tristes conviven con sus propios martirios; mientras el tren de la desolación transita caminos nuevos, veo pasar las horas de mi vida, sumergida entra luces y sombras. Ya nadie canta en mi ventana, sólo un silencio insoportable inunda mis sueños. Únicamente un ángel perdido llega a mi vida, irrumpe en mis mañanas, regalándome una pequeña esperanza; me recuerda quien soy, balbuceando cerca de mi oído, entre sus palabras sin sentido, distingo sonidos familiares, de un pasado, de un futuro que nunca llegó.
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